La duda es el origen de la sabiduría.

Adagio Latino

No des nada por sentado

Los filósofos no aceptan las afirmaciones como si nada, sino que buscan los posibles fundamentos para creer que son verdaderos. La duda es una herramienta muy útil en la filosofía, pues ayuda a determinar qué es seguro y qué no. Pero ¿acaso existe algo que se pueda haber con certeza?

¿De qué podemos estar seguros?

Desde tiempos de Sócrates, los filósofos se han planteado si podemos estar seguros de lo que conocemos o incluso si se puede llegar a saber algo. Sócrates sostuvo que es posible tener conocimiento, pero para llegar a esta conclusión tuvo que empezar reconociendo que no sabía nada. Luego trató de adquirir conocimiento hablando de distintos temas con otras personas: cuestionaba todo cuando creía saber para señalarles las inconsistencias y contradicciones de sus creencias. Un grupo más tardío de filósofos griegos, los escépticos, supuso que no podemos conocer o estar seguros de nada. Pero no todos los filósofos han adoptado puntos de vistas tan extremos. Algunos han optado por una postura  escéptica para poder determinar mejor qué podemos saber con certeza; utilizan la duda como herramienta, aplicándola a todas las creencias para averiguar cuáles son seguras. Aunque algunos escépticos mantienen que el conocimiento absoluto es algo imposible, otros consideran posible conocer ciertas cosas, pero no otras. Un cierto grado de escepticismo viene bien, sin lugar a duda, para toda investigación filosófica, hasta que se obtenga un argumento o una prueba convincente de que algo es verdad más allá de toda duda razonable. 

No dudo de que yo existo

René Descartes adoptó el enfoque escéptico en su búsqueda de una base sólida para su filosofía, algo que fuese indudable. Se le ocurrió una situación imaginaria, una hipótesis, escéptica en la que un demonio maligno le engañaba hasta hacerle dudar de cuanto le dictaban sus sentidos. Era, efectivamente, el punto de vista de un escéptico empedernido, pues dudó de la verdad absolutamente todo. Eso lo llevó a darse cuenta de que, si era capaz de dudar de todo, tenía que existir. El hecho de su existencia fue lo primero que Descartes halló como verdad indudable sobre la que podía edificar sus argumentos. 

Utiliza el sentido común

 

Un siglo más tarde, el filósofo escocés David Hume adoptó también el enfoque escéptico. Como empirista que era, Hume pensaba que adquirimos nuestro conocimiento por medio de los sentidos, pero comprendió asimismo que estos no son perfectos y nos pueden ofrecer información falsa. Además, se dio cuenta de que el razonamiento lógico tampoco es muy de fiar, y concluyó que nada se puede saber con absoluta certeza. Por ejemplo pensó que era imposible justificar nuestra creencia de que el sol saldría mañana basándonos en que ha salido todos los días; sin embargo, no podemos evitar creer que saldrá el sol. Hume afirmó también que debemos "adecuar nuestras creencias a la evidencia": creer cuando haya buenos indicios que apoyen lo que creemos y dudar cuando o no los haya. La prueba de un milagro, por ejemplo, es pobre; afirmar que ha ocurrido un milagro, contrario a las leyes de la naturaleza, es decir algo probable. La explicación más probable es que nuestros sentidos nos estén engañando, o bien que lo haga quien nos cuenta ese milagro.

En nuestros razonamientos acerca de los hechos, hay todos los grados imaginables de certeza, por ello, el hombre sabio hace que se creencia sea proporcional a sus pruebas. 

David Hume