¿Cuántos días llevo con la misma camisa?

(Escrito de hace varías semanas, cuando el alcalde hizo un video cambiándose la camisa azul denominada por él como "lo que siempre ha sido un patrimonio". Al parecer tenía en muy buena estima esa camisa que ha usado al derecho y al revés todos los días desde que inició campaña, y para denominarla patrimonio me da a pensar que la ha empezado a usar desde mucho antes. Imitando al fiscal, sería, además de patrimonio, la segunda camisa más importante del país.)

¿Cuántos días llevo con esta misma camisa? No es mi intención dar una impresión de poca higiene, pero es una pregunta muy válida en tiempos de encierro, que ha empezado a ser muy recurrente en mi vida cotidiana. Hoy me hice esa misma pregunta, otra vez; en mi defensa ya no diferencio bien entre un día u otro a menos que haga un gran esfuerzo mental, para darme cuenta de cuántos días han pasado desde que me puse la camisa que tengo encima, o para percatarme que hoy no es martes sino viernes. Tengo un desorden mental que me impide ubicarme bien en el tiempo sin quemarme las neuronas en el proceso.


Mientras me olía la camisa de dudosa limpieza, me acordé del alcalde Jorge Iván. Es la persona que más me ha representado en esta pandemia, pues él al igual que yo tiene este gran problema. No sabe cuánto tiempo ha llevado puesta la misma camisa, pues le cuesta ubicarse en el tiempo. Por eso uno no sabe si el Jorge Iván de camisa azul, es el Jorge Iván del presente, del pasado o del futuro. Si bien yo puedo estar a viernes, no sabría decir en qué día está ubicado Jorge Iván, quizá esté en lunes de hace dos semanas o de inicio de pandemia.


Pero realmente no importa cuánto tiempo hayamos llevado la misma camisa o lo desubicados y desconectados del presente que estemos, sino de lo mal que olamos. ¿Es que nadie piensa en el olor? Pues tanto Jorge Iván como yo, sí, y seguimos al pelo los temas de actualidad que involucran este campo. Él y yo sabemos cómo evitar el mal olor, pues llevar la misma camisa siempre, no es un trabajo fácil ni sencillo, requiere su ciencia y dedicación.


Primeramente, lo más fundamental para evitar el mal olor, es no hacer nada, o para ser más realistas hacer lo menos posible, no vaya a ser que empecemos a sudar en exceso y nuestra camisa se nos haga un sancocho. Para ello debemos de abstraernos de la realidad, que los días pasen sin darnos cuenta, pues aquí vale más cantidad que calidad. Hay que alargar el proceso lo máximo posible, si se hace bien podemos seguir en las mismas por largo tiempo. Pero si nos dicen que ya olemos mal, es el momento de usar el último recurso que nos queda, para salvarnos del rechazo social, y Jorge Iván lo sabe muy bien.


Aunque una camisa azul no tiene mucha diferencia de una blanca, y dudo bastante que ese cambio de ropas sea más trascendente de lo que es, como para cambiar a una persona, sí es cierto que es la única forma de quitarse el mal olor impregnado en el ser; en la camisa. Por eso veo a Jorge Iván, como a un hermano, cuyo olor es inmundo. Pues cambiarse la camisa es lo último que se hace, es rendirse ante el mal olor. Pero Jorge Iván, sigue siendo el mismo, pues las buenas costumbres no cambian, aunque se pinten de colores distintos.

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