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Blog NEURÓFILOS

Dilema

¿Qué hacer cuando ni yo ni el resto del mundo estamos felices con lo que soy? Acné, religión, una madre sobreprotectora, una familia que teme de mí, hormonas, unos trece años muy masculinos, un cierre que nunca se mantiene arriba y 10 cm; es todo lo que tengo para conquistar a la mujer de mis sueños… Mia… Tres letras frecuentes en mi buscador y un apellido tan memorable como sus videos.

Estoy en la iglesia, mi madre sólo me pellizca y me llama pecador, trato de limpiar mi sudor y sin querer me reviento un barro, mi sudor cae en mis pantalones, noto la cara de asco de mi madre, volteo a ver mi pantalón y mi cierre está abajo, al querer subirlo embarro todo el acné en mi pantalón. La chica del lado nota lo que pasó y se ríe de mí: esto podría definir mi vida.

Mi madre me pellizca para que le ponga atención al cura, ¡Pero cómo me va a pedir eso, si la chica que canta los gozos tiene más curvas que esa cruz!


Mi cuerpo se encuentra en esa iglesia, pero mi mente se va a mi cuarto en mis encuentros íntimamente virtuales con Mia. Sé que no soy el único que se distrae porque cuando observo a mi padre está viendo fijamente la pared. Mi madre nos pellizca a ambos y me mira, de nuevo, con cara de asco cómo si pudiera leer mis pensamientos.

No sé si Dios me entienda pero yo tampoco lo entiendo a Él, y mucho menos a mi madre. Siempre tiene cara de preocupada, como si yo le aterrara y no pudiera decir nada, la iglesia la vuelve tan sumisa como pretende volverme a mí.

Escuché en la clase de ciencia que el miedo es una respuesta natural ante una amenaza o peligro de muerte. ¿Acaso Dios quiere matarnos? ¿O nos amenaza? Tal vez por estas preguntas tuvieron que añadir “peligro imaginario” en la definición. Realmente no terminé de escuchar, en cuanto mi mente voló con estas preguntas sentí temor de ser juzgado, y qué mejor persona para consolarme… Mia… siempre te encuentro incluso en las peores situaciones y ahora un bulto en mi pantalón salta en la clase de ciencia.

Dios y Mia son mis dos mayores problemas. Ambos están en conflicto.


¡Mi madre ha entrado al cuarto! Resulta que mientras pensaba todo esto estaba masturbándome. El onanismo se ha vuelto automático pero me entiendo, todo en este cuarto me la recuerda. No sé si Dios pueda perdonarme, como deseó mi madre al irse del cuarto. No sé siquiera si es pecado. Pero, ¿Dios podrá perdonar a Mia por estar tan buena?

Alguna vez leí de William Shakespeare… “Si por besarte tuviera que ir al infierno, lo haría. Así después podré presumir a los demonios de haber estado en el paraíso sin nunca entrar”… Creo que eso siento por Mia, aunque nuestras vidas sean separadas por tres equis y no por el infierno.

No sé qué hacer con el mundo, y no creo que el mundo sepa que hacer conmigo. Pero me desespera pensar tantas cosas en 500 palabras.



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